Todos los países tienen dos tipos de deuda, la externa, a otros países, y la interna, a sí mismo. Eso es algo normal porque es inevitable. Lo malo es que puede escaparse de las manos porque cuando se debe más de lo conveniente, le sucede así como las personas que deben tanto dinero que en cualquier momento pueden caer en bancarrota. Pero los países no caen en bancarrota, y menos éste que es el más poderoso del mundo, sino que tienen que devaluar su moneda para compensar por lo que tienen que pagar, y eso hace que se encarezcan los productos, o sea, que el sueldo es cada vez más insuficiente para pagar lo que necesita. Y eso es lo que está pasando en este momento en este país: el dólar cada vez vale menos, por lo que se necesitan cada vez más dólares para comprar lo mismo.
Para solucionar este problema los políticos, que parece que se dieran cuenta solo en tiempo de elecciones, han surgido dos soluciones, que si bien buscan la misma respuesta, lo hacen por dos vías totalmente distintas: la de los republicanos, que consiste en dos cosas, rebajar los aportes que hace el Gobierno (tanto a nivel federal como estatal, y hasta local) a los programas sociales (contribuciones a las escuelas, estudiantes, ancianos, enfermos, inválidos, seguros de salud, etc., aunque no a las iglesias y a instituciones educativas religiosas), y en no aceptar que se les suban los impuestos a los millonarios. La propuesta de los demócratas es, como podrán imaginarse, la opuesta, porque los demócratas no aceptan que se reduzcan los programas sociales cuando el gasto gubernamental se puede rebajar en muchos otros renglones, como es la defensa, ayuda internacional, etc., y hasta algunos programas sociales, y sobre todo, el déficit puede rebajarse aumentando los impuesto a los millonarios. Como puede verse claramente, la pelea es política y no de contabilidad.
Pero el ataque que tienen los republicanos es para acabar con la política de los demócratas y especialmente la del Presidente, sobre todo porque ya se puede decir que la contienda electoral del 2012 acaba de comenzar. Los republicanos quieren cortar del presupuesto a todo lo que tenga que ver con programas exclusivamente de filosofía política de los demócratas, e imponer el programa republicano, en un período presidencial en que el Ejecutivo y la mayoría del Senado son demócratas, algo verdaderamente inaceptable desde el punto de vista político.
Y se niegan a admitir que este déficit se debe exclusivamente al gobierno republicano porque cuando Bush llegó a la Casa Blanca, Clinton le dejó el presupuesto totalmente nivelado. Todo el gasto que financió las dos guerras del Medio Oriente salieron de la administración Bush: la primera, buscando armas que no existían, tumbando un gobierno que era enemigo de Al Qaeda, enemigo de Irán, y que aunque dictatorial, no era peor que el de sus vecinos, dejándole un gobierno que es más corrupto que el de Sadam, pero que como diría aquél senador al presidente Roosevelt cuando se refirió a Tacho Somoza, como un “hijo de puta” y el presidente le contestó, “sí, pero es nuestro hijo de puta”. Y la segunda, de la guerra de Afganistán, que está a más de una década de acabarse.
Y los republicanos ahora quieren que la diferencia para sanear la balanza fiscal no salga de los ricos sino de los programas sociales de los pobres.
Obama dijo que eso no sucederá mientras él sea presidente. Es una simple cuestión de dignidad, que un presidente le entregue a la oposición política su programa de gobierno, sobre todo, cuando fue esa misma oposición la que causó este problema. Todo el progreso social que los demócratas han logrado hasta ahora lo borraría un grupito de ultraderechistas de una sola pasada por el Congreso, como si ellos están en realidad en el “poder”.
El partido republicano ha decidido caer en la trampa de los del Tea Party con tal de llevarle la contraria a Obama. Ese grupo ha llegado al Congreso como si hubieran ganado la elección presidencial, pretendiendo chantajear al Presidente para que se retire de sus ideales políticos y cumpla el programa de ellos, los extremistas de la derecha que son tan peligrosos como los de la izquierda, que como encantadores de serpientes han hipnotizado a los incautos asustándolos sobre el desastre que será apocalíptico si le rebajan los impuestos a los millonarios y le siguen regalando la plata a los pobres, a los estudiantes, a los centros de investigación, y que de paso apoyan la persecución a los hispanos aprobando leyes que les permita a las policías locales detener a los que parezcan sospechosos de estar ilegalmente en el país, y otros tantos abusos que se están cocinando en las legislaturas, incluyendo la de Florida, gracias al discurso venenoso de los republicanos.
Es una cuestión de creer en una sociedad más justa, una sociedad con dignidad, porque este país no debe dejarse dominar por los extremistas de la derecha. Este país es de todos. No es de ellos ni para ellos solamente.
Por Luis S. Barrios, Ph.D.













